Montajismo Ruso: Técnicas para la persuasión

domingo, 5 de octubre de 2008

Tras la revolución, figuras nuevas venían a suplantar a las del cine zarista que se habían refugiado en Paris. Eran jóvenes que estaban tan comprometidos con la causa revolucionaria como con el arte. Dziga Vertov, Serguei Eisenstein, Lev Kulechov y Vsevolod Pudovkin son los nombres más representativos del movimiento que se conoce como montajismo ruso.
El cine se había vuelto, para la revolución, política de estado, ningún otro medio tenía la capacidad de transmitir un mensaje como el revolucionario a un pueblo que era, en su mayoría, analfabeto.
Un poco por esta voluntad propagandística comienzan a hacer experimentos con la técnica del montaje, que consiste en unir imágenes entre sí para formar una narración. Por ejemplo Lev Kulechov hace el siguiente experimento: toma una imagen deliberadamente inexpresiva del rostro de Ivan Mosjukin, un conocido actor ruso, y manda a hacer tres copias. A cada uno de estos primeros planos los dispone seguidos de una imagen distinta, una de un niño, una de un funeral y otra de una mujer hermosa. Los espectadores creían ver en el rostro de Mosjukin expresiones de orgullo paternal, de piedad o de lujuria. Así, Kulechov demostró que el montaje podía darle a las imágenes un sentido que no tenían.
Desde luego que los cineastas rusos de esta época pasaron de la experimentación a la acción y aprovecharon esta característica del montaje para la transmisión de ideología. Eisenstein en particular, crea una manera de combinar planos para maximizar el impacto en el espectador, en lo que él llamó “montaje de choque”. Imágenes muy fuertes que se cortaban unas a otras abruptamente, sucediéndose por momentos vertiginosamente. Como por ejemplo en su película La huelga, se ven imágenes de las fuerzas zaristas reprimiendo una protesta, intercaladas con otras explícitas de la matanza de una vaca, creando una metáfora poco sutil pero efectiva. Su escena más conocida sin embargo es la de las escaleras de Odessa en El acorazado Potemkin, el cochecito de bebe cayendo por las escaleras en medio del tiroteo es un clásico copiado en más de una película.
Los montajistas crearon un estilo fuerte y expresivo, ideal para la persuasión. Tanto que ahora que no están ni los hombres ni la causa, se siguen usando la mayoría de sus elementos en videoclips y publicidades.

Por Bruno Antenucci

Para pensar

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